DEPORTE Y EQUIDAD DE GENERO
La equidad de género implica que las necesidades, preferencias e intereses de las mujeres y hombres sean tomados en cuenta por igual. La equidad de género es un concepto integrado por múltiples factores, de ahí la posibilidad de utilizar el deporte como herramienta para combatir los rezagos y las dificultades que la in equidad genera para el desarrollo de los países. Es habitual que el deporte, como otras actividades sociales, refleje los problemas que afectan a toda la sociedad. En México la in equidad de género se repite en la práctica deportiva. El deporte puede ser una vía de igualación de condiciones de aprendizaje sociales y formación de nexos saludables, a tal punto que incluso las Naciones Unidas reconoce (septiembre de 2015) su importancia para el desarrollo global al hacer énfasis en aumentar el poder decisorio a las mujeres.
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La in equidad o desigualdad en el tratamiento de mujeres y hombres en las sociedades tiene profundas raíces
históricas y refleja los resultados de antiguas y modernas batallas por alcanzar estándares compatibles con la declaración universal sobre los derechos humanos.
Por razones biológicas y sociales, la división familiar del trabajo asignó al sexo
masculino la tarea de allegar bienes o ingresos para el sostenimiento familiar. A las mujeres, el cuidado de los niños y el trabajo doméstico generalmente no remunerado. De
ahí derivó un primer ordenamiento jerárquico social que sitúa a los varones en el ápex
del mundo, mientras coloca a las mujeres en condición subordinada, esto es, desigual.
Aquí podemos ver un poco del por que existe la in equidad en el genero con un poco de la experiencia de Amancy Gonzalez CLIC AQUI:
EL DEPORTE COMO HERRAMIENTA POTENCIAL DE DESARROLLO
A esa escala el deporte refleja como espejo los problemas que afectan a toda
la sociedad. Las virtudes y defectos de
la organización deportiva ayudan o deterioran la vida de las mujeres. La participación femenina en el deporte formativo o recreativo es de sobra limitada en la actualidad (Bittman y Wajcman, 2000).
Ciertamente, a partir de París (1960), el acceso femenino en las olimpiadas crece,
pero con pobres bases de sustentación. En los hechos, todavía se excluye a buena
parte de la población femenina, se descuida al deporte como un espacio de convivencia colectiva, desperdiciándose, incluso, un importante mercado potencial de
bienes de consumo y de servicios.
Fomentar el deporte femenino es ingrediente vital en el intento de alcanzar hábitos de vida saludables. La unesco, subraya los efectos positivos de la actividad física
en la vida de los ciudadanos: reducción de los riesgos de padecer enfermedades
crónico degenerativas, ampliación de la esperanza de vida (5 años o más), ahorro en
gastos médicos, posible elevación de las remuneraciones salariales, sin contar que la
inactividad física causa más muertes que el consumo de tabaco.
Pese a la importancia de la práctica deportiva sistemática, los avances en incorporación plenamente al sexo femenino, han sido particularmente lentos. El primer
intento se dirigió a sumar más niñas y mujeres en las prácticas deportivas. Luego se cambiaron los términos del paradigma, más a deporte como medio de indicar la plena participación femenina en la sociedad, romper estereotipos sexistas y la separación artificial entre deportes para hombres y para mujeres (Humberstone, 2006). Ese
importante cambio de enfoque ya ha sido implantado en varios países, pero todavía
persisten resistencias y prejuicios, incluso en las concepciones básicas de políticas
deportivas de los países.
Con todo, la preocupación por mejorar al deporte con fines sociales se ha venido
fortaleciendo y generalizando. En 1994, 280 delegados de 82 países (México incluido)
que representaron organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, concordaron en la importante declaración de Brighton (1994) que busca fortalecer la cultura
de la incorporación de las mujeres al deporte.
La declaración de Brighton recoge la decisión de los estados de comprometer
todos los esfuerzos posibles para asegurar que las instituciones deportivas de cada
país observen las normas de la carta de la Naciones Unidas, de la declaración universal de los derechos humanos y de otras convenciones internacionales. Más concretamente, una declaración abarca las reglas y regulaciones convenidas en relación a
mujer y deporte, como sigue:
1. Los gobiernos realizarán esfuerzos máximos por crear las condiciones de igualdad.
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Aquí podremos ver el comienzo de la historia del fútbol femenino


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